El fronterizo José Luis

En memoria de mi maestro y amigo José Luis Gutiérrez (1943-2012)

16 días después de darnos nuestro último abrazo, el Guti se me ha muerto. Dos metros cuadrados de humanidad y muchas toneladas de periodismo, honradez, credibilidad, grandeza, brillantez y coherencia (¿acaso no debería ser todo lo mismo?) se han escapado y no hay derecho. No hay derecho.

Dice el adagio popular “que Dios te libre de la hora de tus alabanzas” porque será, sin duda, la última que habrás pasado entre nosotros. Pero yo no puedo reprimirme de hacerlo, y él sabrá perdonarme, aunque sea después de abroncarme. A José Luis Gutiérrez no puedo dejarle marchar sin decirle que ya le echo de menos y que aquel abrazo del viernes 4 de mayo, antes de que Txema se lo llevara a la estación, se me ha clavado para siempre.

Muchos presumen de haberle llamado Guti a José Luis Gutiérrez, pero a fe que no a la cara. A mí era de los pocos que me dejaba hacerlo, y no sé muy bien por qué. Afecto, quizás. Desde que en 1989 me lo encontré por Diario 16 hubo química. Era el director adjunto del periódico en el que yo soñaba trabajar y ahora lo hacía, nada menos que como subdirector. Hubo química, sí, pero todos me advirtieron de que no me tomara confianzas, porque me arriesgaba a recibir el abrazo del oso, sin segundas, de este mastodonte leonés que se levantaba a las 6 a.m. para hacer pesas. Una vez, a Mercedes, una de las secretarias, le dio una de sus chapadas cariñosas en el cuello y Merche llevó dos semanas collarín.

Así que marcando las distancias me fui acercando en persona al que ya era uno de mis referentes del periodismo. José Luis firmaba ‘La ventana indiscreta’, la columna de autor más seguida en los años de la Transición, donde a falta de blogs había talento. Alguien me recordaba hoy, con acierto, que desde su ventana daba pisotones como ninguno: menos opiniones y más información contrastada. Una agenda como el Atlántico al servicio de una pluma bien afilada.

Empecé a conocerle de verdad hace 20 primaveras literales. Me llamó a su despacho a primera hora de la tarde y, cuando abrí, me lo encontré sentado en los butacones junto a Juan Tomás de Salas. “Paco, éste me acaba de nombrar director del periódico, aún no lo sabe nadie, pero quiero que con discreción seas tú el que escriba la noticia para la edición de mañana”. Le pedí los datos y, claro, me dio los que le adornaban, así que sin internet me las ingenié para conseguir el resto y redactar la semblanza. Al día siguiente, entre celebraciones, me llevé en público una bronca del nueve: “¿Pero cómo coño sabes que tengo 49 años y encima lo publicas? ¿Es que me quieres espantar a las novias?”.

Al Guti le gustaba cómo escribía yo y pronto me incorporó, entre otros deliciosos marrones, a su equipo de editorialistas. Los hacíamos largos y cortos, pero en todos quería meter su algo. Si no, como que se ponía nervioso y mejor que no. Recuerdo cuando escribí un duro texto contra la kale borroka (los nietos de la ira) porque Rentería fue literalmente destrozada y terminaba diciendo algo así como que “la democracia no puede permitirse tener en su territorio una ciudad sin ley” y el Guti no se pudo reprimir, una vez más, y apostilló “como la fronteriza Kansas City”. El único título que no se atrevió a tocarme, y bien que le fastidió, es cuando después de grandes zozobras El Corte Inglés terminó absorbiendo a los quebradizos, y a punto de desaparecer, almacenes Galerías Preciados y se me ocurrió encabezar el texto con un “Ya es primavera en Galerías Preciados”.

Era un genio. De memoria brutal y atómica, de cultura inconcebible para un obrero obligado a ser cabeza de familia de una tropa de hermanos porque su padre se le murió cuando tenía 15 años (un capitán de 15 años), de inteligencia eléctrica y de visión astronómica.

Cuando hace un par de meses le llamé para invitarle a Pamplona primero me dijo que sí y luego para qué. Verás, Guti, como sabes, a un grupo de alumnos chalados les ha dado por resucitar Cambio 16, ese sueño que tú hiciste realidad y ellos quieren despertar; además, estarás con el resto de proyectos mayúsculos de periodismo, podrás presentar el libro que le acabas de editar a Txema y encima comeremos como Dios manda. Que sí, que sí.

Vino con muletas, contorneándose, porque un accidente de moto de hace un año le había dejado pallá. Nos hicimos fotos y planes para que el próximo curso estuviera otra vez aquí. Hasta el viernes nos carteamos para enviarle fotos y pedirle que se operara de la cadera de una maldita vez.

Por los pasillos de mi Facultad de Comunicación algunos alumnos me seguían preguntando, diez días después de su visita, por qué el Guti tenía esa retranca de recordarles a los futuros periodistas que no se olviden nunca, nunca, del tesoro de la libertad de expresión, del valor incalculable de poder expresarse. Y yo les respondía: si durante 14 años padecieras la condena de todos los tribunales de tu país por publicar información veraz y solo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos viniera a rescatarte, ¿tú qué dirías?

Viernes 4 de mayo de 2012 en fcom. José Luis muestra orgulloso el proyecto de los alumnos en la presentación del libro de Txema 'Cambio 16'. Foto: Edurne Ganuza (Diario de Navarra).

P.S. El 30 de abril le envié a José Luis el pdf del proyecto de resurrección periodística de Cambio 16 que habían realizado mis alumnos. A mí me embelasaba el resultado, pero a la vez me temblaba la incertidumbre ante el juicio de uno de los padres putativos de una de las obras maestras de la comunicación. A las dos horas y media recibí su respuesta,  de la que extraigo lo publicable:

Querido Paco: estoy boquiabierto, emocionado incluso,  ante semejante máquina del tiempo que tus muchachos han logrado poner en marcha. “Chapeau”. Desde luego, es lo más parecido a aquello que hicimos.
(…) Increible lo logrado. Me quito el cráneo que diría Latino de Hispalis. Si yo fuera Kane ficharía a todos esos muchachos de golpe y los trasladaría a su nueva redacción.
Paco, sí, estaré ahí, aunque (…) el golpe que me di en la moto hace ya un año me tiene muy fastidiado. Me rompí el supraespinoso del hombro derecho, me lesioné la cadera derecha, la rodilla del mismo lado y empeoró mucho una lesión que ya tenia en la cadera izquierda. Secuelas de los deportes de riesgo (…).  Pero bueno, aguanto y espero mejorar y superarlo. Mi abrazo y felicidades a ti y a tus alumnos.

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