Sueño olímpico, bostezo periodístico

Los titulares de la prensa española con la derrota de Madrid2020

Doy por sentado de que si en Buenos Aires hubieran soplado vientos favorables y Madrid fuera la elegida para organizar los Juegos 2020, toda la prensa patria habría tirado venga de páginas eufóricas con ambiente, sedes, futuros brillantes y tal. Aunque vete a saber.

Lo cierto es que para la derrota nadie parecía estar preparado y así han salido: llenos de titulares comunes, mucha obviedad y nada nuevo bajo el sol: ni información ni análisis ni interpretación ni contexto. Por supuesto que no me he leído todos los periódicos, pero a la vista del enfoque de sus portadas, que es el escaparate que invita a entrar, como que no apetece.

La sombra del dopaje, la imagen internacional de una corrupción generalizada, la crisis económica y sus recortes sociales pasan como de puntillas para los medios patrios, que prefieren hacer piña en torno a los sentimientos en lugar de luchar por la información, que es por lo que uno paga.

Ayer, como era sábado, las redacciones estaban vacías y adormiladas. Y como nadie había planificado la eliminación de Madrid así por las buenas, pues nada, una faena de aliño y a los kioscos, que para luego es tarde.

Ya saben: la culpa del declive de la prensa impresa la tiene internet.

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Jodiendas de Semana Santa

La lluvia y otras providencias de la Providencia

Doy por sentado que, cuando los traductores de My fair lady castellanizaron la frase original de “the rain in Spain stays mainly in the plain” como “la lluvia en Sevilla es una maravilla”, solo pretendían enfocar al terreno local los esfuerzos del profesor Higgins por enseñar a pronunciar bien a Eliza. De hecho, cuando se estrenó la película (1964), todavía no estaban de moda los telediarios.

Digo esto porque en los informativos de las televisiones españolas, de una década a esta parte, les da por tener secciones fijas y obsesivas con la información meteorológica: si salen dos rayos de sol primaverales, allá que se van las cámaras a la playa de la Malvarrosa, que más que de Valencia parece la Playa de España; pero si se acerca la Semana Santa, todos corriendo a Sevilla a grabar las lágrimas de los cofrades porque la lluvia impide salir al paso. O sea, que lo de que la lluvia en Sevilla sea una maravilla va a ser que no, por lo menos en las fechas que atravesamos.

Este Domingo de Resurrección, anteayer como quien dice, el genial José Martí Gómez contaba en la Cadena Ser la historia que le refirió un cura andaluz, presente hace ya unos años en Sevilla en la procesión del Cristo de los Gitanos, al que los fieles devotos también conocen como ‘Señor Manuel’. Diose la circunstancia de que, a mitad del recorrido, comenzó a jarrear a base de bien y todas las mujeres, a coro y a grito pelado, comenzaron a pedir: “¡Una gabardina pa’l Señó Manué!, ¡una gabardina pa’l Señó Manué!” hasta que el Hermano Mayor, harto de sus hermanas histéricas, hizo que se callaran con un argumento irrebatible. “¿No es el Señó Manué el que hace que llueva? ¡Pues que se joa!”.

Es lo que tienen las celebraciones religiosas, que lo humano y lo divino se funden. Hace también unos años, un buen amigo, Adrián Ángel Viudes, me narraba las excelencias de la Semana Santa en su querida Región de Murcia. Se detuvo especialmente en un pequeño municipio, que por entonces representaba la Pasión Viviente, con los habitantes como actores que escenificaban las últimas horas de Cristo en la Tierra. Las mujeres, además, invertían dinero y horas y horas durante todo el año preparando el manto de la Virgen, una obra de arte de costura y bordado.

El año en cuestión, y como más de uno habrá imaginado, también se puso a llover a cántaros en medio de la representación. Todas las mujeres, como una sola, corrieron con sus paraguas desplegados a proteger el manto de sus sudores. Y Jesús, desde lo alto de la cruz y calado hasta los huesos, no se pudo aguantar y les gritó a sus paisanas:
—¡Eso, todos los paraguas pa’la Virgen, y el Cristo que se joda!

Este año, en Calanda, también ha llovido a cachos durante la Semana Santa. Y como más vale prevenir, a La Dolorosa la sacaron con chubasquero.

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Estelar Esteban

Publicando una revista que repasa en 96 páginas, 170 fotografías y más de 60 testimonios la vida del catedrático Esteban López-Escobar

Esteban López-Escobar Fernández, conocido por todos como ELEF (y ahora, en Twitter, como @elefcom), fue uno de mis primeros maestros en esto del Periodismo. Después, un buen amigo. Y ahora, un gran maestro y mejor amigo. Es catedrático de Opinión Pública en mi Facultad que por obra y gracia del tempus fugit pasa a ser emérito porque se nos ha jubilado.

Hoy sábado, la Universidad de Navarra, a la que ha dedicado 40 años, le ha rendido un muy chulo homenaje. Y, como  sorpresa, le he preparado una revista con 170 fotos y 64 testimonios de sus colegas de claustro: toda una vida universitaria apretada en 96 páginas.

Y claro, si yo pedía a los demás profesores de fcom que escribieran sus recuerdos, anécdotas o reflexiones en torno al homenajeado, yo no podía quedarme atrás. Así que esto es lo publicado en la revista #ELEF (Año 40, Número 1) por servidor:

2009 MAYO. La Facultad de Comunicación se llenó con las siluetas de ilustres profesores y famosos antiguos alumnos. En esta fotografía, Esteban López-Escobar, Paco Sancho y ‘Esteban López-Escobar’. Foto: Lejana.

ANTE ELEF

Ante ELEF uno se balancea entre si cuadrarse o abrazarle. Es un gigante entrañable que asusta por dentro pero imanta por fuera. Y asusta, para que nadie malinterprete, porque se le nota un aura de sabios querubines que le están venga a insuflar conocimiento, y eso acongoja a cualquiera. Pero es que, a la vez, el roce del cariño, o el cariño del roce, o como se diga, se impone cuando uno lleva años compartiendo carretera y hasta sentido de la vida y de la comunicación con él. Así que me decanto por el abrazo. Con respeto.
De que es mito viviente no me cabe la menor. Tengo la teoría de que alguien llega al olimpo social, léase académico, cuando se le empiezan a fabular leyendas al tuntún. Porque, que yo sepa, nadie llega a la cima sin un lastre de dimes, diretes, cotorreos y hasta épicas.
La pena, en el caso de ELEF, es que la leyenda más ingeniosa que se ha conseguido cimentar es la famosa de la hora de Nueva York, con el reloj bailado. Pero venga, hombre, que esa historia es más falsa que Judas. Que servidor, cuando empezaba en la Facultad –y de esto hace ya 480 lunas–, ya lo oía, pero atribuyendo la muesca a Ángel Benito.
Pero que la historia de la hora sea cierta o no qué más da. ‘Se non è vero, è ben trovato’. Porque lo cierto es que Esteban ya cruzaba el Atlántico cuando los vuelos eran en blanco y negro y estaba de moda la TWA, que ya es. Esteban nació con un pasaporte debajo del brazo.
Comparto con mi asombroso maestro el privilegio de habernos incorporado el mismo curso a la entonces titulada Facultad de Ciencias de la Información. Claro que él sobre la tarima y quien esto firma en medio de los ochenta alumnos recién sumidos en el sueño del Periodismo.
Terminé los estudios –bueno, ejem, la carrera– y la diáspora profesional me llevó por aquí y allá, pero siempre por territorio nacional. O sea, me convertí en una especie de Esteban de la señorita Pepis. Y con él mantuve, como acostumbra a hacer con muchos de los licenciados, una constante relación discontinua.
Hasta que volví a Pamplona, a compartir claustro con él, hará cosa de una docena de años. Y me alegré un montón de encontrarlo, mayormente porque era una de las pocas caras conocidas entre un claustro de profes ochenteros y noventeros para mí desconocidos.
Desde entonces el trato ha pasado a ser de escándalo. Amén del día a día, en eso de organizar follones diríase que se han juntado el hambre con las ganas de comer: no tengo espacio para describir las carcajadas montando el cincuentenario de fcom. Y no quiero hablar más.
Resumo: sigo soñando que termino la carrera, que trabajo en nueve empresas de ocho ciudades y que, cuando despierte, ELEF todavía estará allí.

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El fronterizo José Luis

En memoria de mi maestro y amigo José Luis Gutiérrez (1943-2012)

16 días después de darnos nuestro último abrazo, el Guti se me ha muerto. Dos metros cuadrados de humanidad y muchas toneladas de periodismo, honradez, credibilidad, grandeza, brillantez y coherencia (¿acaso no debería ser todo lo mismo?) se han escapado y no hay derecho. No hay derecho.

Dice el adagio popular “que Dios te libre de la hora de tus alabanzas” porque será, sin duda, la última que habrás pasado entre nosotros. Pero yo no puedo reprimirme de hacerlo, y él sabrá perdonarme, aunque sea después de abroncarme. A José Luis Gutiérrez no puedo dejarle marchar sin decirle que ya le echo de menos y que aquel abrazo del viernes 4 de mayo, antes de que Txema se lo llevara a la estación, se me ha clavado para siempre.

Muchos presumen de haberle llamado Guti a José Luis Gutiérrez, pero a fe que no a la cara. A mí era de los pocos que me dejaba hacerlo, y no sé muy bien por qué. Afecto, quizás. Desde que en 1989 me lo encontré por Diario 16 hubo química. Era el director adjunto del periódico en el que yo soñaba trabajar y ahora lo hacía, nada menos que como subdirector. Hubo química, sí, pero todos me advirtieron de que no me tomara confianzas, porque me arriesgaba a recibir el abrazo del oso, sin segundas, de este mastodonte leonés que se levantaba a las 6 a.m. para hacer pesas. Una vez, a Mercedes, una de las secretarias, le dio una de sus chapadas cariñosas en el cuello y Merche llevó dos semanas collarín.

Así que marcando las distancias me fui acercando en persona al que ya era uno de mis referentes del periodismo. José Luis firmaba ‘La ventana indiscreta’, la columna de autor más seguida en los años de la Transición, donde a falta de blogs había talento. Alguien me recordaba hoy, con acierto, que desde su ventana daba pisotones como ninguno: menos opiniones y más información contrastada. Una agenda como el Atlántico al servicio de una pluma bien afilada.

Empecé a conocerle de verdad hace 20 primaveras literales. Me llamó a su despacho a primera hora de la tarde y, cuando abrí, me lo encontré sentado en los butacones junto a Juan Tomás de Salas. “Paco, éste me acaba de nombrar director del periódico, aún no lo sabe nadie, pero quiero que con discreción seas tú el que escriba la noticia para la edición de mañana”. Le pedí los datos y, claro, me dio los que le adornaban, así que sin internet me las ingenié para conseguir el resto y redactar la semblanza. Al día siguiente, entre celebraciones, me llevé en público una bronca del nueve: “¿Pero cómo coño sabes que tengo 49 años y encima lo publicas? ¿Es que me quieres espantar a las novias?”.

Al Guti le gustaba cómo escribía yo y pronto me incorporó, entre otros deliciosos marrones, a su equipo de editorialistas. Los hacíamos largos y cortos, pero en todos quería meter su algo. Si no, como que se ponía nervioso y mejor que no. Recuerdo cuando escribí un duro texto contra la kale borroka (los nietos de la ira) porque Rentería fue literalmente destrozada y terminaba diciendo algo así como que “la democracia no puede permitirse tener en su territorio una ciudad sin ley” y el Guti no se pudo reprimir, una vez más, y apostilló “como la fronteriza Kansas City”. El único título que no se atrevió a tocarme, y bien que le fastidió, es cuando después de grandes zozobras El Corte Inglés terminó absorbiendo a los quebradizos, y a punto de desaparecer, almacenes Galerías Preciados y se me ocurrió encabezar el texto con un “Ya es primavera en Galerías Preciados”.

Era un genio. De memoria brutal y atómica, de cultura inconcebible para un obrero obligado a ser cabeza de familia de una tropa de hermanos porque su padre se le murió cuando tenía 15 años (un capitán de 15 años), de inteligencia eléctrica y de visión astronómica.

Cuando hace un par de meses le llamé para invitarle a Pamplona primero me dijo que sí y luego para qué. Verás, Guti, como sabes, a un grupo de alumnos chalados les ha dado por resucitar Cambio 16, ese sueño que tú hiciste realidad y ellos quieren despertar; además, estarás con el resto de proyectos mayúsculos de periodismo, podrás presentar el libro que le acabas de editar a Txema y encima comeremos como Dios manda. Que sí, que sí.

Vino con muletas, contorneándose, porque un accidente de moto de hace un año le había dejado pallá. Nos hicimos fotos y planes para que el próximo curso estuviera otra vez aquí. Hasta el viernes nos carteamos para enviarle fotos y pedirle que se operara de la cadera de una maldita vez.

Por los pasillos de mi Facultad de Comunicación algunos alumnos me seguían preguntando, diez días después de su visita, por qué el Guti tenía esa retranca de recordarles a los futuros periodistas que no se olviden nunca, nunca, del tesoro de la libertad de expresión, del valor incalculable de poder expresarse. Y yo les respondía: si durante 14 años padecieras la condena de todos los tribunales de tu país por publicar información veraz y solo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos viniera a rescatarte, ¿tú qué dirías?

Viernes 4 de mayo de 2012 en fcom. José Luis muestra orgulloso el proyecto de los alumnos en la presentación del libro de Txema 'Cambio 16'. Foto: Edurne Ganuza (Diario de Navarra).

P.S. El 30 de abril le envié a José Luis el pdf del proyecto de resurrección periodística de Cambio 16 que habían realizado mis alumnos. A mí me embelasaba el resultado, pero a la vez me temblaba la incertidumbre ante el juicio de uno de los padres putativos de una de las obras maestras de la comunicación. A las dos horas y media recibí su respuesta,  de la que extraigo lo publicable:

Querido Paco: estoy boquiabierto, emocionado incluso,  ante semejante máquina del tiempo que tus muchachos han logrado poner en marcha. “Chapeau”. Desde luego, es lo más parecido a aquello que hicimos.
(…) Increible lo logrado. Me quito el cráneo que diría Latino de Hispalis. Si yo fuera Kane ficharía a todos esos muchachos de golpe y los trasladaría a su nueva redacción.
Paco, sí, estaré ahí, aunque (…) el golpe que me di en la moto hace ya un año me tiene muy fastidiado. Me rompí el supraespinoso del hombro derecho, me lesioné la cadera derecha, la rodilla del mismo lado y empeoró mucho una lesión que ya tenia en la cadera izquierda. Secuelas de los deportes de riesgo (…).  Pero bueno, aguanto y espero mejorar y superarlo. Mi abrazo y felicidades a ti y a tus alumnos.

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Cayó en la red

De cómo un alto cargo paraguayo ardió en la hoguera de las vanidades

Darío es un muy buen periodista del diario Última Hora del Paraguay. Como reportero de la sección de Sucesos le acompañan dos grandes virtudes: una, innata, la del instinto; la otra, trabajada, la de una agenda repleta de fuentes. El viernes 9 de diciembre, cuando el cierre se echaba encima, salió disparado adonde su jefe, Alfredo, para contarle lo que acababa de descubrir: Marco Antonio Bianconi, 21 años, hijo del máximo jefe de la Policía Nacional de la república, había colgado en su Facebook fotos y hasta vídeos donde se le veía haciendo prácticas de tiro en un campo policial y con un moderno fusil de asalto M4, uno de los que el Gobierno había comprado para luchar contra el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Por supuesto, el joven Marco Antonio nada tiene que ver con la Policía, ni falta que le hace, ya que su papá le encontró un buen empleo en una de las empresas más importantes de la administración pública, la Entidad Binacional Yaciretá (EBY). Pero la hoguera de las vanidades de Marco Antonio tenía que ser más atizada y, junto a sus ‘hazañas bélicas’, incluyó también fotos donde se le veía a bordo de un vehículo policial, por caminos embarrados, en plan rally.

El problema, ay, era el cierre. Ya era tarde. “¿Crees que la competencia tendrá esto?”, le preguntó Alfredo a Darío. “Creo que no”, le contestó, y ambos decidieron jugársela y guardar la historia para la edición del domingo.

En efecto, la competencia no sabía nada, así que nada salió en sábado. Y el domingo, con una llamadita discreta en ‘tapa’ (“Un hijo del comandante Bianconi usa bienes de la Policía”), el periódico publicó la historia.

Historia que de inmediato caló en la sociedad paraguaya y pronto comenzaron a hervir las radios y las redes sociales. Y, por supuesto y como era de esperar, el vídeo y las fotos de prueba desaparecieron del perfil de Marco Antonio en Facebook. Es más: cerró su página, a la que desde ese día ya no se podía acceder:

Pero Darío, que ya lo imaginaba, se había cuidado de descargar a su ordenador todas las imágenes y comentarios del joven (“Me cansé de andar haciendo cosas simples, si puedo hacer más cosas aprovecharé todo mientras pueda”). La indignación social se asentaba, también, en detalles no menores de la historia: los M4 con los que el hijo del jefe jugaba iban destinados a unos policías obligados a combatir la delincuencia con fusiles de la Guerra del Chaco (años 30, siglo XX), a las prácticas de tiro se llevaba a sus amigos, cada proyectil disparado cuesta unos 4 euros, los policías no tienen cursos de adiestramiento en esos campos, los proyectiles están prohibidos para uso civil…

…Y el ministro del Interior, Carlos Filizzola entra en escena el lunes.

Pero resulta que el titular de Interior no puede ‘tocar’ al comandante porque es amigo personal, muy amigo, del presidente de la República, Fernando Lugo. El asunto depende del presidente pero Darío sigue desgranando detalles en Última Hora. La denuncia gráfica es impecable: mientras el hijo se divierte con un arma moderna, los policías trabajan con fusiles de hace ochenta años.

El martes 13, Darío por su cuenta y los jefes del diario por la suya, confirman una noticia que saben será objeto de ataques furibundos contra Última Hora: el ministro del Interior le ha pedido al comandante que presente su renuncia antes de ser destituido. La noticia abre tapa del miércoles y al ministro le falta tiempo para asomarse a las radios desmintiendo la noticia y tildando al periódico de mentiroso.

¿Perro no come carne de perro? Va a ser que sí. Enrique Vargas, periodista de la competencia con un Facebook bien activo (5.000 seguidores) le “baja la caña” a Última hora y publica, entre las olas que le hacen sus seguidores:

Su argumento: él llamó a Filizzola desde su emisora y el ministro desmintió la noticia (“los de Última Hora no me han llamado para confirmar la noticia”). ¿Hacía falta llamarle? No. Quizás por cortesía, pero no para confirmar una noticia ya confirmada por las fuentes amplias y veraces del diario. En honor de Enrique Vargas hay que decir que, cuando horas después de ese miércoles la noticia se hizo realidad, escribió en su muro:

Y el caso es que, después de un miércoles lleno de insultos, el periodismo se hizo camino. Las informaciones del periódico obligaron al Estado a activar sus mecanismos y restituir el honor al mensajero. El jueves hubo agasajos en la redacción de Última Hora mientras se leía.

Un día después, el viernes, y junto a un contexto para la Historia

el diario publicaba un editorial que juzgo de obligada lectura para todo periodista que esté, a lo peor, adormilado.

Y al final, aunque a lo mejor no viene al caso, el ejemplo de una amistad no entendida y una lección no aprendida.

Qué grande es el periodismo y qué pequeñas somos las personas.

[Entrada publicada originalmente en el blog La Buena Prensa]

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