Cayó en la red

De cómo un alto cargo paraguayo ardió en la hoguera de las vanidades

Darío es un muy buen periodista del diario Última Hora del Paraguay. Como reportero de la sección de Sucesos le acompañan dos grandes virtudes: una, innata, la del instinto; la otra, trabajada, la de una agenda repleta de fuentes. El viernes 9 de diciembre, cuando el cierre se echaba encima, salió disparado adonde su jefe, Alfredo, para contarle lo que acababa de descubrir: Marco Antonio Bianconi, 21 años, hijo del máximo jefe de la Policía Nacional de la república, había colgado en su Facebook fotos y hasta vídeos donde se le veía haciendo prácticas de tiro en un campo policial y con un moderno fusil de asalto M4, uno de los que el Gobierno había comprado para luchar contra el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Por supuesto, el joven Marco Antonio nada tiene que ver con la Policía, ni falta que le hace, ya que su papá le encontró un buen empleo en una de las empresas más importantes de la administración pública, la Entidad Binacional Yaciretá (EBY). Pero la hoguera de las vanidades de Marco Antonio tenía que ser más atizada y, junto a sus ‘hazañas bélicas’, incluyó también fotos donde se le veía a bordo de un vehículo policial, por caminos embarrados, en plan rally.

El problema, ay, era el cierre. Ya era tarde. “¿Crees que la competencia tendrá esto?”, le preguntó Alfredo a Darío. “Creo que no”, le contestó, y ambos decidieron jugársela y guardar la historia para la edición del domingo.

En efecto, la competencia no sabía nada, así que nada salió en sábado. Y el domingo, con una llamadita discreta en ‘tapa’ (“Un hijo del comandante Bianconi usa bienes de la Policía”), el periódico publicó la historia.

Historia que de inmediato caló en la sociedad paraguaya y pronto comenzaron a hervir las radios y las redes sociales. Y, por supuesto y como era de esperar, el vídeo y las fotos de prueba desaparecieron del perfil de Marco Antonio en Facebook. Es más: cerró su página, a la que desde ese día ya no se podía acceder:

Pero Darío, que ya lo imaginaba, se había cuidado de descargar a su ordenador todas las imágenes y comentarios del joven (“Me cansé de andar haciendo cosas simples, si puedo hacer más cosas aprovecharé todo mientras pueda”). La indignación social se asentaba, también, en detalles no menores de la historia: los M4 con los que el hijo del jefe jugaba iban destinados a unos policías obligados a combatir la delincuencia con fusiles de la Guerra del Chaco (años 30, siglo XX), a las prácticas de tiro se llevaba a sus amigos, cada proyectil disparado cuesta unos 4 euros, los policías no tienen cursos de adiestramiento en esos campos, los proyectiles están prohibidos para uso civil…

…Y el ministro del Interior, Carlos Filizzola entra en escena el lunes.

Pero resulta que el titular de Interior no puede ‘tocar’ al comandante porque es amigo personal, muy amigo, del presidente de la República, Fernando Lugo. El asunto depende del presidente pero Darío sigue desgranando detalles en Última Hora. La denuncia gráfica es impecable: mientras el hijo se divierte con un arma moderna, los policías trabajan con fusiles de hace ochenta años.

El martes 13, Darío por su cuenta y los jefes del diario por la suya, confirman una noticia que saben será objeto de ataques furibundos contra Última Hora: el ministro del Interior le ha pedido al comandante que presente su renuncia antes de ser destituido. La noticia abre tapa del miércoles y al ministro le falta tiempo para asomarse a las radios desmintiendo la noticia y tildando al periódico de mentiroso.

¿Perro no come carne de perro? Va a ser que sí. Enrique Vargas, periodista de la competencia con un Facebook bien activo (5.000 seguidores) le “baja la caña” a Última hora y publica, entre las olas que le hacen sus seguidores:

Su argumento: él llamó a Filizzola desde su emisora y el ministro desmintió la noticia (“los de Última Hora no me han llamado para confirmar la noticia”). ¿Hacía falta llamarle? No. Quizás por cortesía, pero no para confirmar una noticia ya confirmada por las fuentes amplias y veraces del diario. En honor de Enrique Vargas hay que decir que, cuando horas después de ese miércoles la noticia se hizo realidad, escribió en su muro:

Y el caso es que, después de un miércoles lleno de insultos, el periodismo se hizo camino. Las informaciones del periódico obligaron al Estado a activar sus mecanismos y restituir el honor al mensajero. El jueves hubo agasajos en la redacción de Última Hora mientras se leía.

Un día después, el viernes, y junto a un contexto para la Historia

el diario publicaba un editorial que juzgo de obligada lectura para todo periodista que esté, a lo peor, adormilado.

Y al final, aunque a lo mejor no viene al caso, el ejemplo de una amistad no entendida y una lección no aprendida.

Qué grande es el periodismo y qué pequeñas somos las personas.

[Entrada publicada originalmente en el blog La Buena Prensa]

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80 claves sobre el futuro del periodismo

Mi colaboración en el último libro de José Luis Orihuela

No solo tuve el honor de participar en el libro, sino también en su presentación, hoy en fcom.

En marzo de este año, mi colega, maestro y amigo José Luis Orihuela me lanzaba un reto muy difícil de rechazar. “Estoy escribiendo un libro –me dijo– que Anaya Multimedia publicará el segundo semestre y que tratará sobre las claves del futuro del periodismo”. El asunto era el siguiente: el propio José Luis seleccionaba ochenta de sus excelentes posts que escribe en su blog de ABC, y pedía a otros tantos periodistas, colegas, amigos, que escribieran un comentario sobre la entrada que les hubiera tocado en suerte.

Y, para mi suerte (qué bien me conoce), el texto que debía comentar era el que sigue:

Back to basics

Si bien los factores tecnológicos y económicos siempre han condicionado la actividad periodística, hay que evitar que centren todos los debates acerca del presente y del futuro de la profesión.
Puestos a resumir los retos del periodismo actual en el marco del coloquio Café & Periodismo (Madrid, 25/9/10), apuesto por rescatar a los discursos sobre el periodismo del ámbito de los “nuevos medios” y los “modelos de negocio” y regresar a los fundamentos de la profesión.
Nos hemos pasado los últimos 15 años hablando acerca del impacto de la tecnología y de la necesidad de encontrar nuevos modelos de negocio para los medios y hemos descuidado la reflexión acerca de los valores que sustentan al periodismo antes y después de la revolución digital.
Por una parte, hay que superar el vano intento de explicar el impacto de la innovación bajo el paradigma de la sustitución “en el futuro, una tecnología del presente acabará con un medio del pasado”. Llega la hora de reconocer que la historia de las tecnologías de la comunicación muestra que el paradigma que domina la adopción de innovaciones es el de acumulación, no el de sustitución.
Por otra parte, hay que superar el vano intento de proyectar sobre la comunicación digital los modelos de negocio y la legislación que han regido durante la ya pasada época dorada de la comunicación pública mediante soportes físicos. Los soportes lógicos funcionan bajo paradigmas diferentes.
Para entender los retos actuales del periodismo propongo un back to basics: volver a pensar la profesión a la luz de sus valores originales, entendiendo que el periodismo consiste en buscar la verdad, servir a la gente, controlar al poder y representar la realidad.

Así que me senté a la máquina y esto es lo que me salió y aparece en el libro ’80 claves sobre el futuro del periodismo’ que hoy ha presentado en fcom en un acto en el que, encima, también he tenido el privilegio de participar.

Que los árboles tecnológicos nos impiden ver el bosque informativo me parece una evidencia. Por fortuna, una evidencia que pasará más pronto que tarde. Estoy convencido de que el periodismo, en su vertiente digital, volverá a su razón de ser. Y ya está tardando.
Han pasado 17 años desde la aparición del primer periódico digital y lo que ha ocurrido en este tiempo ha sido –es– una alocada carrera, en muchos casos sin sentido, por llegar primero a la red. Eso sí… sin medios humanos. Porque, por desgracia, en mi condición de consultor de medios compruebo cómo muchas Redacciones digitales son tratadas como apéndices, nutridas de becarios, de jóvenes periodistas sin experiencia. El resultado: un periodismo de telegramas pescado de agencias y radios, sin contexto ni sentido, sin contraste, sin profundidad. En suma, con pocas o nulas garantías de calidad y, mucho menos, de utilidad.
En estos tres lustros largos no se han superado ni los miedos ni las desconfianzas: el miedo empresarial al comprobar su incapacidad para reinventar su modelo de negocio, y la desconfianza profesional hacia unas plataformas de difusión que no entiende ni quiere entender.
Pero periodismo solo hay uno, siempre ha sido solo uno y es algo mucho más profundo y maravilloso que el hecho de difundir noticias. Es el arte y la ciencia de comunicar con sentido, de profundizar los hechos, de averiguar los antecedentes y prever los consecuentes, de descubrir protagonistas, de contar historias que el público necesita saber. En definitiva, ayudar a los ciudadanos a entender y manejar mejor el mundo que les rodea.
Ya es hora de que los medios superen la crisis de ansiedad que les asalta con internet: los lectores, náufragos en un océano de miles de medios y millones de ofertas informativas, se agarrarán al final a aquel periodismo que les transmita confianza, seguridad, profundidad, rigor y profesionalidad. En definitiva, a aquel medio que merezca su credibilidad. Como ha sido siempre.

Y colofón de orgullo: una ilustrísima persona participa con su sabiduría también en el libro.

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Y llegó el revolucionario

En memoria de Steve Jobs (1955-2011)

Es probable que las generaciones más jóvenes relacionen a Steve Jobs con las comunicaciones desde sus mundos próximos y de diseño minimalista, cuyo abuelo, ya, es el iPod. Pero Jobs revolucionó la comunicación humana antes, mucho antes: desde el mismo momento en que ideó y construyó el primer MacIntosh, en 1984. Hasta aquel enero, las computadoras eran herramientas horribles, antipáticas, que sólo obedecían a golpe de comandos y códigos, en una tétrica pantalla oscura con letras impersonales y de un fosforito que quemaba los ojos. Una máquina condenada a ser utilizada sólo por expertos y en entornos de grandes empresas y organizaciones.

Steve Jobs quería un ordenador en cada hogar y, para eso, sabía que lo lograría a través de la comodidad y la belleza. Los primeros Macs, esos que hoy nos parecen de museo, enamoraron a miles y miles de personas por su entorno amigable, estético y sencillo de manejar. Comenzó a tener sentido que el ordenador fuera personal y, lo que es más importante, sentó las bases –entonces impensables– que vendrían a revolucionar el mundo de la comunicación.

La tecnología de Apple, luego copiada por el resto de la industria informática, fue imprescindible para acercar y hermanar los mundos técnico y humano. El sueño de Jobs se hacía realidad y hoy, 27 años después, se hace difícil imaginar cómo serían ahora nuestras comunicaciones si en aquel entonces no hubiera conseguido incrustrar con naturalidad el adjetivo personal al concepto «ordenador». Soy de los que cree que, si Jobs no hubiera puesto aquella primera pantalla amiga ante nuestros ojos, en estos momentos estaríamos escribiendo en una máquina eléctrica –más pequeña y moderna, eso sí–, los ordenadores seguirían siendo máquinas extrañas, internet, un flujo de información lineal y aburrida entre gobiernos y universidades, la música seguiría en casetes y los teléfonos móviles solo servirían para hablar porque, por no tener, no tendrían ni pantalla para escribir o leer mensajes de texto.

Que a Jobs se le vaya a recordar por el Mac, el iPod, el iPhone y el iPad me parecería una injusticia absoluta. Esos aparatos no dejan de ser los árboles (bellísimos, sublimes) que, ojalá, no impidan ver un genial bosque. Steve Jobs vio mucho y bien el futuro y se ha convertido, en mi opinión, en el principal revolucionario de las comunicaciones de nuestra época. Se tenga o no se tenga algún producto de su factoría, todos llevamos algo de su genio y creatividad en los bolsillos o encima de la mesa y que nos permite estar siempre comunicando.

[Artículo publicado originalmente en el diario La Razón]

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Los Secretos de los Sanfermines

Un vídeo festivo en memoria de Enrique Urquijo

Hace tres años, por estas fechas, dejé medio facturado el Agárrate a mí, Pamplona. Ahora, por aquello de la tecnología, lo dejo de una pieza. Vamos, que es lo mismo pero más moderno.

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Sanfermines 2011

Algunos ‘momenticos’ de las fiestas

Algunos ‘momenticos’ de las fiestas de San Fermín. Aunque titulado 2011, las escenas de la comparsa son de 2009.

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